El Alto del Morredero, con sus rampas despiadadas y el recuerdo de gestas pasadas, volvió a dictar sentencia en una jornada donde la carrera se hizo pedazos mucho antes de meta. La fuga, numerosa y peleona, llegó a soñar en los tramos intermedios. Samitier, Tiberi o Tejada pusieron el alma en un terreno rompepiernas que llevó a los corredores de Valdeorras hasta Ponferrada, territorio de Mundial. Sin embargo, el guion estaba escrito: el pelotón, comandado por Red Bull-Bora y Visma, nunca dejó demasiado aire. El sueño de los aventureros murió en la falda de la ascensión final, cuando la carretera enseñó su peor cara.

