Se marcha el Giro de Albania, rumbo a la península itálica y en las maletas de Mads Pedersen se lleva dos maglias rosas y tres de color malva, el ciclamino de la regularidad. En Vlore, después de aventuras varias, entre ellas las de Pello Bilbao, el pelotón impuso la ley de la lógica y la dictadura del pinganillo para aplastar las revueltas, para que los llegadores, que no son tantos, tuvieran su segunda oportunidad. Y entre ellos, Pedersen es quien más en forma aparece. Aunque arrancó pronto, y los últimos metros se le hicieron eternos, nadie pudo alcanzarlo.

