Paul Seixas (Lyon, 2006) llega al Tour con la edad de los sueños aún intacta y la serenidad de quien se resiste a confundirse con todo lo que su talento promete. En casa, el debut adquiere otro significado: no pesa como una presión, sino como un regalo para los abuelos, para sus padres y para todos los que han visto crecer a un niño que hoy se asoma a la carrera más grande del mundo. Habla con prudencia de Pogacar, de Vingegaard y de sus propios límites, pero en cada respuesta deja una certeza: no tiene prisa, aunque el futuro ya se haya cruzado en su camino.
La jornada · jueves, 2 de julio de 2026
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