2006 fue un gran año para el ciclismo. El 24 de septiembre, cuatro meses después de que la policía reventara en Madrid las redes de sustento y abastecimiento de los viejos campeones con la Operación Puerto, nació en Lyon Paul Seixas, sin la mancha del pecado original. Las estrellas ya no desayunan EPO y cenan transfusiones como el intocable Lance Armstrong y sus secuaces. Los jóvenes conocieron niños la soledad de la pandemia, la introversión, la preparación científica individualizada, Strava, TrainingPeaks, 120 gramos de carbohidratos a la hora, bicicletas aerodinámicas y un anillo en el pulgar para medir el sueño. Vida y esclavitud de profesionales desde los 15.

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