En algún momento del recorrido, más pronto que tarde, decidimos nuestra posición en la geometría de la vida, terreno de juego inevitablemente limitado que acaba de abandonar Patxo Unzueta, sin sustituto posible, como también ocurre con las figuras irrepetibles del fútbol. Nacido en 1946, bilbaino con diptongo —”y no bilbaíno a lo fino”—, Patxo conectaba su recuerdo más remoto a la pelota azul con la que jugaba en el patio del Instituto de Bilbao, donde su abuelo era bedel. De aquel primer balón guardaba la misma memoria que de Piru Gainza, el célebre delantero del Athletic, su ídolo en la niñez.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *