Palestina e Israel están demostrando que, a veces, no hace falta participar en un Mundial para estar presente. En Qatar, el primer país árabe y de Oriente Próximo en albergar la competición, la bandera palestina está teniendo una visibilidad inédita: los jugadores de la selección marroquí la exhiben al posar después de cada partido (justo, paradójicamente, cuando se cumplen dos años de la normalización de relaciones entre su país e Israel), se puede ver a menudo en las gradas en señal de solidaridad y un espontáneo saltó con la bandera al césped en medio del Túnez-Francia, ante el aplauso de los aficionados del país magrebí, que empezaron a corear al unísono “¡Falastín, Falastín!” (Palestina, en árabe). Además, algunos jugadores de Qatar han llevado brazaletes propalestinos, en plena polémica por las amenazas de la FIFA a otros combinados si portaban los del arcoíris en defensa del colectivo LGTBI.

