Si hay un monte que suena por encima de todos en el <strong>Tour de Francia, ese es Alpe d’Huez</strong>, sus 21 curvas terroríficas sobre las que se han escrito algunas de las páginas más épicas de la carrera. Su nombre volverá a estar en todas las cabezas en la duodécima etapa del Tour, una réplica de la que se corrió en 1986 entre <strong>Briançon</strong> y la legendaria montaña, 165,1 kilómetros de pelea permanente, con el <strong><strong>Galibier, de aperitivo, la Croix de Fer</strong></strong> para seguir antes de afrontar la última ascensión.

