Es la canasta. La que sirve para dejar atrás los 38.387 de Kareem Abdul-Jabbar y convertir al que la consigue en el máximo anotador en la historia de la NBA. LeBron James lanza desde media distancia a una mano. Kenrich Williams defiende con la mirada. Thomas Bryant, ingenuo, pide aún una asistencia. <strong>Phil Knight, fundador y dueño de Nike, observa desde la primera fila del Staples. A su lado están Bronny y Bryce James, hijos del nuevo hombre récord, tratando de captar una instantánea con sus móviles. Detrás, cientos de aficionados hacen otro tanto</strong>. Más allá del citado Knight, resulta extremadamente complicado encontrar en la imagen alguien sin teléfono. Los hay, pero resulta complicado. Definitivamente son nuevos tiempos: «Es una pena que dejemos de vivir momentos tan especiales para hacer una fotografía, porque resulta evidente que no es igual de un modo o del otro… y además que rara vez volverás a verla».

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