“No soy navarro, pero tengo el mismo ADN. Me dieron hostias, pero resistí y no tiraré nunca la toalla”, aseguraba en una reciente entrevista en este diario el jugador del Osasuna Chimy Ávila, de origen argentino. Ya lo explicó otro navarro cabezón, David Beriain, en un artículo en 2020: el equipo por el que preguntó al teléfono desde los lugares más recónditos del mundo, entre talibanes y soldados, narcos y sicarios, tiene “alma de pueblo”: “Una identidad que, siendo tan propia, no excluye a nadie. No hace falta haber nacido en la curva de la estafeta para tenerla. Pueden haberte parido en Rosario y que corra por tus venas porque es el alma de los luchadores, de los que conocen el valor de lo que cuesta. Es el alma de quien ha tenido que poner un plato en la mesa colocando ladrillos o agachando el riñón para coger espárragos”.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *