Osasuna conquistó con todo merecimiento el triunfo para cortar su mala racha y condenar al Sevilla a seguir sufriendo en los sótanos de la tabla. El equipo navarro aprovechó a la perfección el estado de nervios de un equipo desquiciado, que es un flan en defensa y que se muestra incapaz de controlar los partidos. El segundo gol recibido por el Sevilla es el mejor ejemplo del estado anímico de un grupo que juega al fútbol demasiado alterado. Falló de forma estrepitosa su mejor hombre, Bono, el balón rebotó en Fernando y se metió en la portería. De nada le sirvieron al Sevilla los golazos de Gudelj y En-Nesyri porque es un equipo absolutamente desequilibrado. Su sistema defensivo es un desastre, encajando goles con una facilidad terrible. Todos los fantasmas se le vuelven a aparecer al conjunto andaluz, que intentaba mirar a la zona alta de la clasificación y se encontró con un golpe inesperado después de cuatro victorias seguidas ligueras en su estadio.

