El destino obligó a Tadej Pogacar a tirar de épica en la París-Roubaix. Un inoportuno pinchazo a 120 kilómetros del final, justo cuando el pavés se vuelve más hostil antes de Arenberg, lo dejó varado en la cuneta con su coche de equipo demasiado lejos para cambiar de bici. Se vio forzado entonces a una persecución agónica y solitaria de casi 20 kilómetros, una lucha contra el reloj y las piedras para lograr reintegrarse en el grupo de favoritos.

