El<strong> mercado del Sevilla</strong> está siendo decepcionante a más no poder. De lo que se esperaba o auguraba, a un nuevo golpe contra la tozuda realidad, esa que dictamina que el club de Nervión no tiene <strong>espacio salarial</strong> ni economía para lanzarse a por refuerzos que verdaderamente mejoren una plantilla que camina penúltima en el campeonato de Liga. <strong>Se han dado dos salidas en las que el club ha debido rascarse algo el bolsillo</strong>. Nada más. Ni una sola venta medio decente. Nada. Se ha intentado vender a <strong>En-Nesyri</strong>, la única oferta real y de valor por un <strong>profesional sevillista</strong>, pero el propio jugador la desechó sin saber exactamente cuánto le iban a pagar. No. De los <strong>siete fichajes prometidos a Sampaoli </strong>en octubre, a la única llegada de <strong>Badé</strong>. Y, ahora, a la próxima de <strong>Lucas Ocampos</strong>.

