Viento que arranca antenas y derriba árboles; lluvia que cae en trombas y Jonas Vingegaard, que en la Galicia caníbal devora todo y gana todas las etapas que contaban para la general, las tres últimas, como el año pasado cuando el frío helador y la nieve, y hace que O Gran Camiño se transforme again en O Gran Jonas Vingegaard, como si entre la Galicia mágica de montes oscuros y romerías tan religiosas que parecen paganas y el danés que gana todo lo que corre, incluidos los dos últimos, se hubiera trabado una complicidad místico-meteorológica más fuerte que cualquier vínculo. Amor le dicen a la relación los periodistas, amor de Vingegaard con una carrera que aviva como ninguna las raíces legendarias del ciclismo.

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