Lando Norris se marchó del Gran Premio de Bélgica con una amarga sensación de impotencia. El británico completó una actuación notable en el mítico trazado de Spa-Francorchamps, partiendo desde una retrasada decimotercera posición tras sancionar por montar nuevos componentes en su unidad de potencia. Con una estrategia a contracorriente, completó un primer stint larguísimo cargado de neumáticos duros que le llevó incluso a liderar la carrera de forma provisional. Sin embargo, una fatídica combinación de factores ajenos a su pilotaje terminó por condenarle a una discreta y frustrante séptima plaza final.

