Pintaba a coñazo y vaya si lo fue. Era una ingenuidad esperar otra cosa de este Real Madrid funcionarial. Si no han jugado con tensión cuando se disputaban los títulos, es decir, durante toda la temporada, en el Pizjuán que no había nada en juego la faena de aliño ayer estaba garantizada. Ni siquiera contra un Sevilla con dos jugadores menos fueron capaces de ponerle un plus de intensidad y animarse a buscar una goleada con la que resarcir un poco a sus decepcionados seguidores. Así que se dedicaron a hacer lo de siempre: atacar andando y despachar una ensalada de insulsos pases y más pases al pie, como en el futbolín. Tampoco mostraron más voluntad de la necesaria para ayudar a que Mbappé aprovechase tan favorable coyuntura para dejar casi atada esa Bota de Oro que va a disputarse con Salah y Gyökeres esta semana. De modo que el francés tuvo que hacer lo de siempre: buscarse la vida para marcar un gol, porque si espera que le filtren buenos balones lo lleva claro. ¿Se imaginan la pajarraca que hubiera Cristiano si no juegan todos para él?

