E n agosto de 1991, nadie se imaginaba que <strong>un pequeño trozo de la historia del tenis se estaba escribiendo en la pista de tierra batida del Grüssenhölzli de Pratteln, un suburbio de Basilea</strong>, la segunda ciudad más grande de Suiza, en el que se encontraba un club cuya superficie ahora ocupa un IKEA que se elevó con el cambio de siglo.

