De entre las imágenes más dolorosas de final de año está el posado de Cristiano Ronaldo con la camiseta del Al Nassr. Dolorosa por el colorido, tirando a la gama baja de cualquier mercadillo peatonal. Se le adivina incluso un tacto de algodón de gramaje escaso.<strong> En las ligas de empresa hay vestimentas más decorosas. Pero doloroso, sobre todo, por ver sujetando la camiseta a un tipo equivocado. A alguien que no ha sabido abrochar una carrera legendaria</strong>. No es lo mismo irse al fútbol oriental como Xavi, Raúl o Iniesta, que como Cristiano Ronaldo. A Cristiano, directamente, no le quería nadie en un fútbol vigente y competitivo como el europeo. <strong>Primero, porque ya no hay quien le aguante y segundo porque, ofreciendo unas prestaciones más bajas por razones biológicas, él seguía creyéndose el rey del mambo</strong>. Y es posible que vaya al Al Nassr pensándolo todavía. De haber pisado la tierra con unas dosis de realismo adecuadas, es probable que hubiera tenido algo de cuerda en algún equipo que, como mínimo, le ofreciera una camiseta ponible.

