Siempre me ha parecido injusto cómo el deporte trata a las leyendas cuando anuncian su retirada. De repente, todo empieza a convertirse en pasado. Cada torneo parece una despedida, cada pista un homenaje, cada derrota una excusa para hablar del final. Y quizá por eso Alejandra Salazar quiso marcar el tono desde el primer día.

