Al periodismo deportivo le encantan las etiquetas. Nos pirra el uso recurrente de conceptos tan ambiguos y a la vez transversales y globales como el entorno, cuando nos referimos al primo o agente de un futbolista que nos cuenta cosas, el contexto, que no deja de ser lo que rodea un partido que suele resolverse por eso que se llama saber competir y por la famosa intensidad de la que adolecen siempre los equipos perdedores.

