Nilofar Bayat tenía dos años cuando un cohete del régimen talibán alcanzó la casa de su familia en Kabul. Uno de sus hermanos murió. A ella la explosión le causó un daño irreparable en la médula espinal que redujo para siempre su movilidad. Hoy, a los 29, las secuelas del horror acompañan tanto sus pasos como sus palabras. “Para los talibanes las mujeres no somos seres humanos”, cuenta Nilofar en Madrid, donde recibió este martes el Premio Optimistas Comprometidos de la revista Anoche tuve un sueño.

