La calle San Gregorio Armenio, en los confines del barrio napolitano de Forcella, donde Maradona se perdía por las noches para darse un chapuzón en espuma de champán en el jacuzzi con forma de concha del clan Giuliano, caudillos de una ciudad que vivía entonces a ritmo de tiroteos y quiebros del argentino, es también el lugar donde todo el año viejos artesanos moldean y despachan las figuritas para el pesebre. Si uno pinta algo en Italia o en Nápoles, ha de tener la suya: Maradona, De Laurentiis, Totò, Giorgia Meloni, el Papa… Este año, sin embargo, Pedro se ha colado en los escaparates. El exjugador del Barça, a lomos de una segunda juventud de 37 años, le sirvió hace una semana el cuarto scudetto en bandeja al Napoli al empatar con dos goles el partido que la Lazio, su equipo, jugaba contra el Inter. El canario ha entrado de golpe en el santoral napolitano (con permiso de San Gennaro), pero en la calle San Gregorio tienen mucho trabajo estos días para cincelar nuevas figuritas.

