Con el semblante serio, más bien apenado, pero sereno y entero, Nairo Quintana (Tunja, Boyacá, Colombia; 36 años) apareció este domingo en la sala de prensa improvisada del equipo Movistar en el Hotel Sagaró, donde reposa antes de comenzar este lunes la Volta Catalunya. Lo hizo antes de tiempo y, entre mirada y mirada al reloj —porque debía empezar a tiempo porque hacía streaming para toda su gente de Colombia— sorbía el agua de la botella y se aclaraba la voz, a la vez que le guiñaba el ojo a sus hijos Mariana y Tomás y repetía miradas de complicidad con su mujer Paola. “Es una cita importante para mí y mi familia, para mi país, para mi gente, para los que han estado siempre a mi lado. Hoy he venido a contar que es la última temporada como ciclista profesional. Pero no mi última carrera, así que en cada una de ellas de las que faltan, será la gran fiesta. Lo hago así porque quiero disfrutar con los aficionados de estos momentos tan bonitos”, resolvió el menudo ciclista, 17 años de profesional con un Giro (2014) y una Vuelta (2016) en el zurrón. “La única deuda que tiene el ciclismo con él es un Tour”, resolvió Eusebio Unzue, el director general del Movistar, equipo que le trajo a Europa en 2012 y con el que ahora cierra el círculo. Un director y un amigo, al punto de que los niños de Nairo le llaman “tío Eusebio”.

