De entre los éxitos intangibles de la carrera de <strong>Rafael Nadal </strong>hay uno que no suele ser citado pero que, si bien lo miramos, es uno de los más importantes, constantes y significativos: los malos ratos que hace pasar a sus <strong>envidiosos</strong>. Tiene un importante significado sociológico. La envidia y los envidiosos han contribuido lo suyo en España a crear nuestro carácter ‘nacional’ -<strong>rancional </strong>se podría decir-, de ellos hablaron ya Antonio <strong>Machado </strong>y tantos otros y un clásico refrán de la España negra rezaba que si la envidia fuera tiña, cuantos tiñosos habría. Quizá pudiera investigarse si fuera posible sintetizar la <strong>energía </strong>que se dedica a envidiar para emplearla en otros usos, y así pasar la actual crisis con desahogo, pero eso es otra historia.

