Game, set and match. Nadal. Hacía 1.084 días que no se escuchaba la cancioncilla en La Catedral, dos menos desde que el español –6-4, 6-3, 3-6 y 6-4 (en 3h 33m) a Francisco Cerúndolo, citado el jueves con Ricardas Berankis– no desfilaba sobre el tapiz aterciopelado de la central de Wimbledon, por la que pasan los años, ya 100, pero que no pierde un ápice de encanto. Al contrario. Es un canto a la belleza, la reivindicación de la arruga. Alguna que otra se le dibuja también al mallorquín, 36 en el DNI, y al que al igual que a esta pista tan clásica, tan pura y tan seductora, tan auténtica, el paso del tiempo le sienta de fábula (pie aparte, háblese de juego) y enriquece su tenis. Hacía tres años que el mallorquín no peloteaba sobre la hierba y hablaba estos días de recuperar la memoria. En ello está.

