Rafael Nadal acaba de protagonizar la enésima proeza, turno esta vez para el estadounidense Taylor Fritz al otro lado de la red, pero está completamente abatido. Ha transcurrido solo una hora entre el zurdazo que ha puesto patas arriba la Catedral y que ha sellado el duelo de los cuartos contra el norteamericano, y su acceso a la sala de conferencias, donde se expresa triste y se mordisquea las uñas mientras escucha las preguntas de los interlocutores. Tras la remontada y 4h 21m de pura supervivencia (3-6, 7-5, 3-6, 7-5 y 7-6(4), sintetiza: “Estoy preocupado. Quiero darme una oportunidad, pero siento que algo no está bien”.

