La noche nace con un borrón, pero Rafael Nadal restablece el orden. Rara vez no lo hace. Rinky Hijikata se crece, sorprende y caza un premio, pero termina sucumbiendo a la inmensa silueta ganadora del balear, que cierra con un pasante de manual y festeja con ganas: 4-6, 6-2, 6-3 y 6-3, en 3h 08m. Hacía tres años que no desfilaba por la central de Nueva York –desde aquella volcánica final que ganó ante Daniil Medvedev– y, más allá del marcador y del set entregado, la radiografía es positiva. Los biorritmos son buenos. El saque, principal preocupación por eso de proteger el abdominal, lastimado desde Wimbledon, describe porcentajes y velocidades optimistas. Pese a la falta de rodaje competitivo, la exposición acompaña.

