El poder de una viñeta es impredecible. Cassius Clay, un joven de 19 años cuya fama como boxeador ascendía sin parar, había ido aquella tarde de diciembre de 1961 a patinar con unos amigos a las pistas del Brodway Roller Ink, un establecimiento solo para negros en Louisville. Al salir, vio un grupo de gente. Clay se acercó con la ilusión de encontrarse “una chica guapa a la que decirle algo” y se encontró com un hombre de traje oscuro que predicaba la palabra de Elijah Muhammad, líder de la Nación del Islam. El hombre le dio un ejemplar del periódico de la organización religiosa y socio-política. Un dibujo de la página 32 captó su atención: una viñeta sobre los primeros esclavos que llegaron a América, en la que se les obligaba, látigo en mano, a rezar a Jesús. Aquella viñeta llevó a la lectura de los artículos, y en ellos -con referencias a la disciplina y a la mejora personal, al pueblo negro como el escogido de Dios o al racismo que imperaba en la sociedad– Clay encontró un relato. Un sentido para alguien que ya se refería a sí mismo como “el más grande de todos los tiempos”.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *