Se golpea Garbiñe Muguruza el pecho con el puño, hasta tres toquecitos. Aprieta los dientes con rabia la número nueve del mundo y profiere un grito desgarrador que resuena en la Pista 5 del complejo de Flushing Meadows, expuesto otra vez a una combinación de calor y humedad abrasadora. Es un triunfo en la primera ronda, algo que en otros tiempos y bajo ciertas circunstancias no hubiera dejado de ser ordinario, rutina, otro paso más. Hoy, sin embargo, el botín (6-3 y 7-6(5) a Clara Tauson, tras 2h 02m) tiene un significado muy superior para la española, que no resolvía un partido en un Grand Slam desde que batiera a Clara Burel en Melbourne el pasado 17 de enero. Es decir, 225 días después, la tenista encontró la luz.

