El partido del martes ante el Inter de Milán evidenció la que para muchos es la gran carencia del nuevo Real Madrid. La falta de control en el centro del campo convirtió el partido en una gincana de la que los blancos salieron vivos porque Courtois volvió a estar en modo pulpo. Cierto es que también los delanteros blancos perdonaron, y mucho, pero el partido no fue bien gestionado por el Madrid en casi ningún momento. Y eso generó inquietud, y algunos pitos, en un Bernabéu que no acaba de ver solución a los males que vienen aquejando al equipo en los dos últimos años

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