El Real Madrid arrancó su pretemporada con más luces que sombras, aunque el sabor final fue agridulce. Los de Mourinho salieron enchufados en un Wothersee Stadion hasta la bandera, mordiendo desde el pitido inicial. En un visto y no visto ya mandaban con dos goles antes de la media hora. Endrick, que aprovechó su titularidad y mandó un mensaje al club besando el escudo, abrió la lata en su primera aparición, y Alexis Ciria firmó el segundo poco después. Pero el guion se torció con el paso de los minutos y la Fiorentina fue royendo hasta rescatar un empate que dejó cierto regusto amargo. Conviene, eso sí, no rasgarse las vestiduras. Esto no es más que un ensayo de julio, la maquinaria apenas empieza a calentar y quedan semanas por delante para engrasar lo que hoy chirrió. Y a Mou le encantan los retos.

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