Al sur de Barcelona, con el puerto a un costado y la ciudad tendida a sus pies, Montjuïc condensa como pocos lugares la forma en que la capital catalana se ha ido narrando a sí misma a través del deporte. Castillo dieciochesco, teatros, museos, memoria olímpica y una veta ciclista que el Tour de Francia reactiva cada vez que se asoma a Barcelona: todo convive en sus laderas.

