Montañas de septiembre
Fuente: El País Original en elpais.com
Es raro. En la hora de no hacer nada, tú disfrutas viendo sufrir. Ahí está la esencia de la Vuelta: en esa extraña fascinación de los aficionados por el dolor ajeno. La seducción que despierta el sufrimiento de los corredores. Calambres, pájaras, desfallecimientos, la agonía tatuada en el rictus, los contornos del abismo, no puedo más y aquí me quedo. Especialmente, en el clímax del vía crucis: la montaña, territorio indómito, salvaje, quizás la última frontera de la libertad en un mundo cortado en troquel. La montaña es el reino ácrata que te aísla, te eleva, te desafía. Que te obliga a mirarte de frente, sin trampas al solitario. Nadie sale igual después de dormir la primera noche al raso en la alta montaña, la vida sin profilaxis, la vida incivilizada.