Mohamed Salah, Mo para los amigos, salió este viernes del vestuario del Stade de France acompañado por el más joven de sus compañeros, Harvey Elliott, camino del último entrenamiento del Liverpool antes de la final de la Champions. Iba sonriente, como quien se embarca en un crucero por el Caribe, pero a pesar de estar rodeado de colegas casi se comunicaba exclusivamente con Elliott, que tiene 19 años y le observaba admirado. Alejado del jolgorio del grupo, que mayormente le ignoró, el egipcio vivió la práctica tranquilamente instalado en su burbuja. Suele ser habitual con los profesionales del fútbol que gozan del privilegio de ahorrar energía a costa de las piernas del prójimo. El aislamiento se completa cuando —además— las prerrogativas que le concede el entrenador en la cancha a cambio de gol se complementan con el mejor salario de la plantilla.

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