El final de la generación dorada de Bélgica, tercera en el anterior Mundial, se concretó con un momento cargado de simbolismo. En el minuto 87, Eden Hazard compareció por fin sobre la hierba, y lo hizo sustituyendo precisamente a Meunier, el futbolista que en noviembre de 2019 le rompió el tobillo derecho y comenzó un tortuoso reguero de lesiones que desactivó aquel talento raro y emocionante, que fue a apagarse ayer, con su extraordinaria camada en el estadio Ahmad bin Ali. Tampoco le faltó simbolismo al rival que los sacó del Mundial, esta Croacia que conserva al inacabable Luka Modric, pero que ha encontrado recambios para actualizar su versión de 2018, y manejó los tiempos para asegurar el empate que le bastaba.

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