Bajo las sospechas de que sus tres suplencias en lo que va de curso responden al intento del Atlético de rebajar los 40 millones de euros al Barcelona si juega 45 minutos en el 50% de los partidos en los que haya estado disponible este curso, Griezmann se ve en la tesitura de hacerse valer de media hora en media hora. Anoche, por tercera vez consecutiva, entró al campo con la hora de juego recién cumplida. Y sale comiendo hierba en sus primeras intervenciones. En Getafe hizo un gol a la primera pelota clara que tuvo, ante el Villarreal condujo una contra a toda mecha y en Mestalla ganó el partido para el Atlético con su primer toque de bola. Como aquel Vinnie Johnson de los Detroit Pistons que condensaba altas puntaciones en pocos minutos, Griezmann rescató a su equipo de un empate que le descolgaba demasiado de la cabeza.

