La Copa del Mundo moderna es un evento diseñado por y para la televisión. Las tomas permiten una cercanía que por momentos hace que olvidemos que los futbolistas son de carne y hueso para permitir, aunque sea por un instante, que la mente piense que estamos presenciando un videojuego. La velocidad y precisión con la que se juega al fútbol actualmente también son cómplices de un adoctrinamiento ocular que cada vez más nos impide ver a este deporte como una actividad que ejecutan 22 seres humanos. Esto también implica que la experiencia presencial se convierta cada vez más en algo lejano para el público masivo: el mundial se ve por televisión. Sin embargo, el adoctrinamiento no pasa únicamente por el ojo físico sino también por el simbólico.

