Francia imponía su puño de hierro. Por segundo Mundial consecutivo, el equipo que dirigía Didier Deschamps, discípulo de Marcello Lippi, hijo predilecto del catenaccio, avanzaba al contragolpe con las carreras de Mbappé y una lluvia de centros a la cabeza de Olivier Giroud, 190 centímetros de nueve tanque. Inglaterra y Marruecos se habían rendido a su paso tras controlar más la pelota.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *