Ya nadie tiene dudas de que Messi es hoy el caudillo de la Albiceleste después de chequear las jugadas, las imágenes y las voces que ha dejado el partido que Argentina disputó y ganó en los penaltis contra Países Bajos. Nunca se había visto a un jugador tan argentinizado y hasta cierto punto maradoniano, al menos a ojos de Europa, que estaba acostumbrada a un futbolista formal y callado, educado en la exquisita academia del Barça, vecino de la playa de Castelldefels y en el último año compañero de Neymar y Mbappé en la acaramelada París. Incluso puede que su estruendosa actuación en el partido de cuartos de final sorprendiera también a Argentina.

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