
La camioneta avanza lentamente entre el tráfico de la tarde en el Centro Histórico de Ciudad de México. Cristian, de 14 años, tiene hambre. Merlín, un pato de dos años, también. El adolescente sostiene una oblea en la mano. El ave espera unos segundos, calcula el momento exacto y se la arrebata de la boca de un picotazo. —¡Eres un rata! —le reclama Cristian entre risas. Merlín ignora la acusación.




