Ni <strong>Messi </strong>ni<strong> Cristiano Ronaldo </strong>han pisado nunca el estadio del <strong>Oviedo</strong>, pero todas esas generaciones azules que nunca han disfrutado del fútbol de <strong>Primera </strong>ya pueden recordar que han visto en directo a<strong> Antoine Griezmann</strong>, probablemente el jugador con más inteligencia sobre un terreno de juego en el panorama actual. Lo mismo le da conducir a <strong>Francia </strong>a la final de un Mundial que flotar por el <em>barro </em>de la <strong>Copa </strong>marcando el paso del <strong>Atlético</strong>. Se juega a lo que él quiere. Igual que puede tirarse al suelo a cortar un avance rival en cualquier rincón del campo como aparecer en la zona de peligro para asistir a <em>Llorente </em>con una delicatessen (al primer toque, en el aire y amortiguando el balón) de esas por las que bien vale la pena pagar una entrada.

