Una asistencia de Doncic para un mate de LeBron James, un gol de Enzo Fernández tras un pase de Cucurella y un batazo de Shohei Ohtani se celebran en la misma oficina porque los Lakers, el Chelsea y los Dodgers comparten propiedad. Lo mismo sucede con las victorias del Arsenal y las de los Denver Nuggets o entre las hazañas del Liverpool y las de los Boston Red Sox. Las entidades deportivas son bocados ideales para que los imperios económicos engorden su cartera de logotipos. La concentración de clubes en unas pocas manos no tiene freno.

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