Al margen de cómo termine este Mundial de Fórmula 1, McLaren hará historia en cualquier caso. Si lo gana, porque volverá a cantar el alirón 17 años después de la última vez. Y si lo pierde, porque podrá atribuirse el mérito de haber reanimado a Red Bull y a Max Verstappen, su único rival en un pulso desigual, técnicamente a favor de Lando Norris y Oscar Piastri, incrédulos los dos al darse cuenta de que tienen el enemigo en casa. En Qatar, penúltima parada del calendario, Norris disponía de su primera bola de partido para darle carpetazo al asunto. Sin embargo, a sus estrategas les entró uno de esos ataques de entrenador, una especie de delirio que sepultó toda la opulencia demostrada en pista por el MCL39. En definitiva, un gol en propia puerta.

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