La vida, no digamos ya el fútbol, es un juego de equilibrio en el que conviene no quedarse corto ni ir demasiado sobrado cuando toca jugársela. Ocurre que esa contraposición de pesos ayuda a mantener en pie el invento sin que tire más de un lado que de otro. Y ese podría ser el único consuelo de quienes vayan a enfrentarse en este Mundial a Francia, una barbaridad de talento ofensivo que lograría descompensar cualquier juego de contrapesos.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *