Seis minutos tardó Mbappé en abrir su cuenta del curso. Que no es la oficial, ya, pero siempre es mejor empezar suelto que bloqueado. Recibió el regalo de Schallenberg, que quiso retrasar a su portero y entregó a Kylian, que no perdonó. Nada pudo hacer Karius, de grato recuerdo blanco desde aquella noche de Kiev infame para el alemán.

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