Pase de Messi, gol de Mbappé; pase de Mbappé, gol de Messi; pase de Messi, gol de Mbappé. El ritual por triplicado de la asistencia y la definición culminó la ceremonia. La acogió el templo del Velódromo de Marsella en el clásico de la Ligue 1 celebrado el pasado 26 de febrero. El juego del balón también precisa de sus formalismos sagrados. Un año y medio después de jugar juntos en el mismo club, y apenas dos meses después de disputarse la final de la Copa del Mundo, Messi y Mbappé se abrazaron como solo se abrazan los cónyuges futbolísticos consagrados. El evento sirvió para situar a Mbappé en una nueva dimensión. A sus 24 años, el aspirante a suceder al rey del fútbol asume su condición de líder del Paris Saint-Germain con el reconocimiento afectuoso del monarca que le precede. Pocos futbolistas en el mundo son más complementarios y pocas veces su sintonía resultó más oportuna. La baja por lesión de Neymar Júnior, confirmada oficialmente el lunes, y la vuelta de los octavos de final de la Champions ante el Bayern el miércoles refuerzan la figura de Mbappé en el punto culminante del curso.

