Álvaro Arbeloa entró por primera vez en el vestuario del Real Madrid como jugador en septiembre de 2004, con la caseta en armas y a punto de que José Antonio Camacho presentara la dimisión porque veía que no podía hacer su trabajo como quería. “Te choca llegar allí, a una plantilla como esa, que era la leche, y sentir tal carga de presión. Fue entrar de golpe en la realidad del fútbol”, recordaba en 2014 el actual técnico blanco en una entrevista en Jot Down. Su primera convocatoria, procedente del Castilla, fue para un partido a domicilio contra el Espanyol. “Después de dar la alineación, [Camacho] gritaba [a la plantilla]: ‘¡Ahora, id a hablar con vuestros amiguitos de la prensa’. Y uno se reía. ‘¡Sí, sí, ríete!’. Yo pensaba: ‘joder, estos tíos están por encima del bien y el mal”, continuó Arbeloa en esa charla. Aquel fue el último encuentro que dirigió el murciano antes de marcharse (derrota 1-0) y establecer uno de los momentos clave en el largo derrumbe de la etapa galáctica, esa con la que tantas comparaciones han surgido en los últimos días a la vista de la caída libre en la que ha entrado el Madrid de la 25-26.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *