Max Verstappen es único. Por supuesto, por lo que hace dentro de la pista; esas maniobras que desencajan las mandíbulas de sus rivales, que le han dado cuatro títulos de campeón consecutivos (2021-2024) y que hacen que muchos de ellos le cuelguen la etiqueta de mejor piloto de todos los tiempos. Después de más de una década en el Mundial, también ha aprendido a ser especial cuando se baja del coche y se planta delante de los micrófonos. No solo saca es capaz de sacar hasta la última milésima de potencial del coche que conduce. También domina la trastienda, aquello que no se ve y que se maneja en los despachos, como ningún otro integrante de la parrilla. Después de meses de advertencias, casi amenazas, alrededor de una hipotética retirada prematura provocada por la poca gracia de los coches paridos a partir del nuevo reglamento técnico, el holandés y Red Bull, su equipo de toda la vida, anunciaron la prolongación del vínculo que les une, hasta finales de 2030, dos cursos más de lo que ya tenía pactado. En el comunicado mandado este jueves por la mañana, en la previa de su gran premio de casa, en Zandvoort, Mad Max puso fin a la incertidumbre a su manera, a lo bestia.

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