El golf necesitaba un domingo así. Lleno de pasión, suspense y grandes golpes. Un puñado de estrellas jugándose la gloria en el US Open. La charla en el juego y no en los millones de la liga saudí. Ahí, en la competición pura, en el sudor de los jugadores y el aliento de los aficionados, está la esencia del deporte, un elixir que no está en venta por muchos petrodólares que salgan del bolsillo.
El mayor premio del Grand Slam
La montaña de oro que LIV Golf Investments ha puesto sobre la mesa para crear la liga saudí ha hecho saltar el tablero por los aires. Son 255 millones de dólares (243 de euros) a repartir entre ocho torneos. El cheque ha provocado en los rectores del golf mundial algunas reacciones. Por ejemplo, este US Open elevó a 3,15 millones de dólares (2,9) la bolsa para el ganador, lo que supone el premio individual más alto en la historia del Grand Slam. Es un aumento significativo respecto a los 2,2 millones (2) de la edición anterior.
Cerrado el tercer grande del curso, la guerra por el poder vuelve al escenario. Del 30 de junio al 2 de julio Portland acogerá la segunda parada saudí, que coincidirá con un torneo del circuito americano, el John Deere Classic.
Y en el horizonte, el último grande del año, uno muy especial. El Open Británico celebra del 14 al 17 de julio su 150ª edición, y la cuna escocesa de Saint Andrews se engalana. Allí quiere competir Tiger Woods, ausente esta semana por sus problemas físicos.

