El rastro de la noche anterior sigue ahí y se hace notar. Al día siguiente, a Rafael Nadal todavía le duele la nariz por el raquetazo que se dio involuntariamente durante el rocambolesco duelo de la segunda ronda de Nueva York con Fabio Fognini, resuelto por el balear (2-6, 6-4, 6-2 y 6-1) después de varios sustos. De entrada, el juego, esa hora y media en la que el gran campeón dejó “uno de los peores arranques de siempre” y que parecía no estar, o bien que un impostor lo hubiera suplantado; después ese ir y venir nervioso y hasta cierto punto espídico, fruto de la “ansiedad” que le transmitió a su banquillo; y para rematar una velada que tuvo de todo, el impacto de la raqueta y el consiguiente mareo: “He pensado que me había roto la nariz”.

