Viendo el apasionante Liverpool-City del domingo uno podía haberse fijado en muchas cosas. En el constante trajín en las bandas tanto de Jürgen Klopp como de Pep Guardiola, que acabó con el alemán expulsado pero bien pudo haberse ido el catalán un poco antes a los vestuarios cuando recibió con algo más que aspavientos la intervención del VAR que acabaría anulando el gol que parecía poner al City por delante en el marcador. O cómo el más leve de los estirones de camiseta pudo tumbar a un jugador de la talla física de Fabinho (1,88 metros de altura) y cómo para unos árbitros eso es falta y, para otros, no. O, hablando de árbitros, a uno también le llama la atención la cara de payaso serio que tiene el del otro día, Anthony Taylor, considerado de los mejores de la Premier pero con una espectacular tendencia a tomar decisiones equivocadas partido tras partido.

